Documentar la naturaleza en la actualidad
- 29 abr 2017
- 3 Min. de lectura
No es una novedad el hablar sobre la manipulación que llevan los documentales de naturaleza para retratar imágenes de la realidad, pero tampoco es algo de lo que nos percatemos todo el tiempo. El documental, como expresión fílmica, requiere un tratamiento de producción, una educación cinematográfica, un estilo en particular, y a pesar de intentar ser una ventana objetiva a la realidad, no puede existir sin un discurso.
La transgresión entre documental y ficción ha sido común a través de la historia del cine, desde ‘Nanuk, el esquimal’ de Robert Flaherty (considerado por muchos el primer documental de la historia), hasta las más recientes películas de Carlos Reygadas y el trabajo de muchos más directores con actores no profesionales. Sin embargo para retratar un mundo sin lenguaje, una realidad silvestre, la transgresión entre las licencias creativas y la realidad debe ser cuidadosa, informada y sobre todo ética.
¿Qué tan natural es un documental de naturaleza? Esta es una pregunta que todos nos hemos hecho en alguna ocasión, y a pesar de que no existen datos estadísticos concretos para responder esta pregunta, la balanza se inclina más a la producción artificial de condiciones naturales (Ej. Incluso nosotros somos culpables de esto, en nuestro video sobre la Abronia graminea jeje), esto por diversas razones, principalmente para solventar los gastos de producción, por la biología y el comportamiento de las especies silvestres y en ocasiones las bajas poblaciones que existen de ciertos animales (Ej. observamos un leopardo de las nieves cazar una cabra de montaña mientras el narrador poéticamente nos comenta, “Podrías pasar más de 20 años en este lugar sin observar un solo leopardo de las nieves”). Es cierto, a menudo, es necesario ser flexibles y estirar la realidad para alcanzar nuestros objetivos, éticamente, claro esta. No es necesario que escuchemos las aspas de un helicóptero durante tomas aéreas, y todos los que en algún momento hemos caminado por un bosque, sabemos lo difícil que puede ser el observar la fauna silvestre.
Para tratar este tema e intentar encontrar una solución, debemos pensar, que es realmente lo que queremos ver, actualmente se han capitalizado ideas para todo público, desde telenovelas con animales humanizados (Ej. El reino del suricato, 2005-2008, su impacto negativo será tema de otra entrada), reportajes de naturaleza (Ej. El Cazador de Cocodrilos, 1996-2007) o realmente programas donde exista una integración cinematográfica y científica para lo que se está observando.
Hay una consciencia entre la audiencia, un acuerdo mudo, de que el cine es en su mayoría una representación ficticia de la realidad, y por el contrario existe una visión opuesta de creer aquello que vemos bajo la etiqueta de cine documental, como una ventana transparente y verídica de nuestro mundo. Es por esto que las ideas colectivas que tenemos sobre el mundo natural, se nutren (junto con nuestras experiencias individuales) por esta imagen que nosotros observamos en contenidos mediáticos.
Así como pueden mencionarse documentales que logren con creces esto, como el apasionante trabajo de Jacques Cousteau; En un mundo donde el sensacionalismo vende y la producción audiovisual es dirigida a la atracción de audiencias masivas, nos encontramos con producciones viles tales como Sirenas de 2012 (Mermaids: The body found, 2011), un docuficción/mockumentary que fue transmitido múltiples veces por Discovery Channel y Animal Planet, el cual no solo contribuyendo a la desinformación (porque claro, en ningún punto de la transmisión se declaraba la falsedad del mismo), sino que deliberadamente engaña a su audiencia, mostrando evidencias falsas de descubrimientos científicos (de una teoría fantasiosa sin respaldo científico fuerte), mismo caso de Megalodón Vive (Megalodon: The Monster Shark Lives, 2013), así como muchos otras producciones, por eso mismo no nos sorprendamos si al sintonizar un canal como Animal Planet nos encontramos con “Bebés y mascotas”, “Supertiernos” o aquellas series donde buscan incansablemente a pie grande en bosques de Norteamerica, ¿Podemos confiar realmente en estos medios? ¿Debemos seguir dando ciegamente nuestro respaldo a cadenas multinacionales que solo buscan lucrar a costa del sensacionalismo?
La respuesta, está en el establecimiento de condiciones más rigurosas para la transmisión de contenidos, y en el seguimiento de códigos para la producción de estos materiales, tales como el Código de ética establecido por la BBC para fotógrafos y documentalistas de vida silvestre. Sin embargo, la lucha por mejores contenidos no termina aquí, sino que nos invita, como audiencia, a ser quienes exijamos que es lo que realmente queremos ver; Contenidos más críticos, con un discurso propio y que no tengan miedo de mostrarnos un mundo contemporáneo; Contenidos que se alejen de esa visión ciegamente positiva y arcaica de la naturaleza. Pues, lo que menos necesitamos en estos momentos, son más filtros que se interpongan entre nuestros ojos y la realidad.






















Comentarios