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El documental como herramienta de conservación.

  • 11 ago 2017
  • 4 Min. de lectura

Documentar la naturaleza mediante la producción audiovisual, ha sido y seguirá siendo una de las tareas más nobles que el medio cinematográfico nos puede ofrecer. No solo se trata de retratar la vida, a través de una lente, sino de ir más allá de las imágenes para acercar un mundo natural y salvaje a los ojos de miles de espectadores alrededor del mundo, como ventanas a universos lejanos, podemos entrar en contacto con los diferentes ecosistemas del mundo, su flora, su fauna, y en los mejores casos, comprender su esencia.


Durante más de medio siglo, nos hemos maravillado con hermosas postales en movimiento de los lugares más diversos de la tierra, desde los fondos del mar mediterráneo y la antártida, hasta las islas galápagos, las montañas del congo, las polinésias y las selvas sudamericanas. Todo esto, de la mano de grandes divulgadores y exploradores del mundo, que nos hacen sentir como contemporáneos de Humboldt, Darwin, Wallace, de Sesse y Linneo, descubriendo mundos desconocidos para nuestros ojos.


Estas imágenes globales también nos han llevado a conocer carismáticos seres; tiernos osos asiáticos y feroces felinos, gigantescos paquidermos y amables simios; cuya magnificencia en estado silvestre no tenía comparación con su presencia gris en jaulas o espectáculos circenses. La representación de la vida natural, nos condujo a conectar con el mundo, consolidando una imagen global de la biodiversidad.


Esto, comenzó a construir una sutil hermandad dentro de la humanidad, donde podemos sentirnos más involucrados con la naturaleza de un solo planeta que compartimos. Sin embargo, como todo, este contenido evolucionó, y los reflectores buscaron traernos a los representantes más carismáticos del mundo animal, leones, elefantes, chimpancés, elefantes y más, seres que poco a poco se adhirieron a nuestra imagen de la naturaleza, para bien y para mal…


El valor carismático de la fauna exótica es indiscutible, y no desmerecido, sin embargo, el continuo bombardeo de imágenes ha conducido a una fatiga de la mano de su explotación visual. Y habernos enfocado tantos años en imagenes individuales de seres vivos, nos alejó de la comprensión de sus contextos, puesto que en muchos casos, estos no son capaces de representar sus comunidades ecológicas. Y a su vez, han actuado como una barrera para alienarnos de nuestros propios contextos, a partir de un gradual desconocimiento y desconexión con los ecosistemas que nos rodean en nuestras propias comunidades y regiones.


Una investigación publicada en 2013 en la Revista Biological Conservation por Genovart y colaboradores, conducida en España, nos mostró una realidad que se esconde a plena vista, y es que los niños reconocen en mayor medida la fauna exótica, que la local. Este experimento fue aplicado a 777 niños de edad primaria, y sin duda podríamos extrapolarlo alrededor del mundo, consiguiendo resultados muy similares, exceptuando las comunidades rurales, donde la flora y fauna siguen siendo de gran importancia en el día a día, podemos darnos cuenta de la grave desconexión que tenemos con nuestro propio entorno.


Tristemente, nuestro mundo cambiante nos exige ahora más que nunca el cuidado del medio ambiente, pero una falta de conocimiento del mismo puede ser contraproducente. Para no irnos muy lejos, lo podemos ver si salimos a nuestros parques, los cuales están llenos de árboles introducidos, que ofrecen pocas posibilidades de supervivencia a la fauna urbana.


A pesar de este desolador panorama, sabemos que las imágenes son poderosas, que los contenidos mediáticos tienen la capacidad de construir grandes estructuras en nuestro subconsciente. Y es aquí donde podemos comenzar a fomentar el cambio, por medio del empoderamiento tecnológico. Es cierto que el conocimiento es clave para la conservación, uno nunca va a poder proteger aquello que le es desconocido. Es por ello, que es hora de alejarnos de las imágenes generales de la naturaleza, para inmiscuirnos de manera personal en nuestro propio entorno, favoreciendo la construcción de un imaginario colectivo que involucre el patrimonio biológico que nos rodea.


El cambio está en todos, individual y colectivamente; por ello la educación ambiental debe de radicalizarse, ante las blandas estrategias de conservación que nos ofrecen nuestras autoridades. Esto suena complicado, ¿Cómo vamos a cambiar de la noche a la mañana una concepción tan fuerte y errada sobre la naturaleza?

Por dificil que parezca, el mundo ya nos dio la respuesta y se encuentra (LITERALMENTE) en nuestras manos, en nuestros dispositivos móviles, en nuestra interconexión con el mundo digital. Si miramos a los árboles, ellos nos devolverán la mirada, y podremos observar entre sus frondas, esas aves que escuchamos cada tarde y cuyos colores desconocemos, sabremos quien deja rastros de semillas en las puertas de nuestras casas, y a quienes pertenecen los pequeños y casi inaudibles sonidos que acompañan a los grillos por la noche.


Esta, es una invitación para revivir nuestra curiosidad, para apasionarnos por nuestro entorno y compartir la belleza que nos rodea con aquellas personas que son importantes para nosotros. Comparte una foto de las flores que crecieron por la noche en las grietas del asfalto, un mensaje de audio con el canto del ave que anida cerca de tu ventana, o un video de la pequeña zarigüeya que por las noches transita lentamente en tu jardín; Y pronto, verás la respuesta.


En las palabras de Werner Herzog, "todos nosotros, colectivamente, debemos convertirnos en los guardianes de este frágil nuevo mundo".




 
 
 

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